Browse By

Vamos a menos, por Carlos Bueno

Por Carlos Bueno

El montaje de una tramada menos del cadafal de la Placeta del Carbó es un síntoma inequívoco de que la situación es muy preocupante. No querer verlo y quedarse de brazos cruzados sería el peor error que podríamos cometer quienes amamos la Setmana de Bous.

Por primera vez en la historia una peña redujo de forma considerable su aforo. Recuerdo haber visto fotos de ese mismo cadafal con dos plantas de altura: el graderío habitual y un primer piso sobre él. Lo construyó entonces la ‘Verdolaga’, con Tomás Pla de maquinador al frente. Ahora, con la galopante crisis como justificación, la ‘Moatros’ decidió cambiar la fisonomía de la plaza disminuyendo siete filas de tendido. No levantar esa última parte del cadafal les suponía un ahorro económico considerable, y visto que la venta de abonos era paupérrima los peñistas tomaron la decisión. Probablemente estaban en su derecho de hacerlo, no es el cometido de este artículo pretender enjuiciar el hecho, sino buscar las causas que han provocado tal circunstancia para encontrar posibles soluciones.

Hasta no hace tanto tiempo, convertirse en cadafalero suponía haber pasado unas etapas muy definidas. Primero se iba a los toros con los padres, hasta que a uno le dejaban ir con otros niños al ‘Quiebro’, ahora ‘Tinc Son’. Luego, con la edad, se pasaba a una peña “joven” de grada con los amigos. El anhelo de todos era que la ubicación de su localidad estuviese cada año en una fila más alta hasta llegar a la cumbre: “hacer palco”, eso era lo máximo. Los del palco sentían los colores de su peña como si de su equipo se tratase, y vociferaban su nombre animando al resto de abonados a corearlo con ellos. El único reto que le quedaba a la gente del palco era hacerse cadafaleros.

Ahora, esos pasos previos se han “medio perdido”. La grada ha dado paso al asiento de banco y los palcos han desaparecido. Rara vez se gritan los nombres las peñas, y lo más importante no es pasarlo bien en la plaza sino en las casetas. El abonado ha pasado de conformarse en beber de la garrafa la bebida que cada día “tocaba” a exigir barra libre con una amplia variedad de bebidas. El parque se ha convertido en un gigantesco comedor donde por la noche cenan todos y a mediodía comen demasiados. Lo comenzaron a ofertar hace unos años algunas peñas y el resto se vieron arrastradas a hacerlo.

Con tal panorama el chollo es ser abonado y no cadafalero, una figura que ha perdido derechos y privilegios para ir adquiriendo cada vez mayores obligaciones y servidumbre. El abonado no se arriesga a las más que probables pérdidas económicas, no tiene que trabajar en el montaje de la plaza, ni de la caseta, ni se preocupa de la intendencia, ni de preparar comidas, ni mesas, ni de limpiar... sólo tiene que acudir al parque, sentarte y esperar a ser servido. Si a todo esto le sumamos que en los revueltos tiempos actuales, de crisis creciente y billete menguante, permitirse el capricho de ir a los toros es caro, el resultado es que ser cadafalero ya no tiene el atractivo necesario y suficiente para que aparezcan nuevas peñas que renueven el panorama taurino de Algemesí.

En los últimos años esta singular y extraordinaria fiesta ha sufrido muchos cambios, y muy probablemente no todos fueron los más oportunos. Es el momento clave para dejar de mirarse el ombligo y comenzar a trabajar duro por la mejora y el abaratamiento de la Setmana de Bous, si es que queremos que perdure. Porque... ¿qué pasaría si un año dos o tres peñas se hartaran de “palmar” pasta y decidieran convertirse en abonados? ¿Se podría organizar la feria con tres o cuatro cadafales menos?