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La Plaza

La Plaza de Toros de Algemesí tiene una forma característica y que la dota de singularidad en el mundo de las plazas de toros. Ideada en la forma actual en 1943 por el arquitecto Joan Segura Lago, la plaza es en la actualidad un cuadrilátero con los lados paralelos a las fachadas de los edificios que forman la plaza Mayor. Está divida en 29 gradas dispuestas en cuatro secciones: de la 2 a la 4 forman el lado del Ayuntamiento, del 6 al 14 forman el lado de la Pastora, del 16 al 20 el lado de Xarpa, y del 22 al 29 el lado de la Iglesia. Quedan cuatro gradas que forman los cuatro esquinas del cuadrilátero, el 1, el 5, el 15 y el 21.

Sin entrar en demasiadas especificaciones de la construcción de los cadafales podemos decir que estos se fijan en el pavimento, mediante dados, los puntos de colocación de los puntales de carga delanteros de cada cadafal. La primera tramada de anguileras reposa sobre ellos y sobre una jácena asentada sobre puntales de carga compuestos por dos piezas, una como a apoyo y otra como guía (normalmente troncos de pino) atados como mínimo por tres ligazas de cuerda. Entre estos puntales y los delanteros van dos troncos como tirantes. Muy pocos cadafales tienen una sola tramada, generalmente tienen dos tramadas (algunos ángulos más). Esta segunda tramada reposa sobre la primera jácena y sobre una segunda, también sobre puntales de carga, arriostrados mediante tablas, formando la "cruz de San Andrés) y debajo un entarimado o lecho de polainas colocadas en sentido vertical. Sobre las anguileras se colocan las escuadras a nivel y colocadas una detrás de otra. Después se tapa el cadafal con un forro de tablones y dejando un espacio para la escalera. A continuación se colocan los asientos sobre el graderío o se ponen sillas o banquillos.

La construcción de esta plaza comienza a las pocas horas de la entrada de la Virgen de la Salud en la Basílica de San Jaime en la última procesión de las Fiestas de la patrona. Al contrario de lo que se pueda pensar por la complejidad de la estructura, son los propios cadafaleros (pocos de los cuales profesionales de la construcción) los que se encargan de levantar en poco más de una semana esta obra, bajo la atenta mirada del técnico de plaza y bajo la supervisión del aparejador y del arquitecto.

Lo peor de esta plaza viene cuando toca retirar la plaza, no tanto por el trabajo que comporta sino por la tristeza que implica el fin de las fiestas. Pero el simple hecho de pensar que al año siguiente habrá que volver a montarla hace que las caras se alegren y vuelva pronto la impaciencia de la espera del próximo año.

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Video del montaje de la plaza, por Jesús Bueno