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Los becerros de Algemesí, en el Diario de Jerez

TIERRA DE NADIE

Los becerros de Algemesí

ALBERTO NÚÑEZ SEOANE | ACTUALIZADO 27.10.2014 - 09:31

ALGEMESÍ es un lindo pueblito valenciano, muy tranquilo, respetuoso con sus tradiciones, amante de sus costumbres, poblado por gentes trabajadoras, discretas y sencillas. Entre el río Magro y la Albufera, sus habitantes han cultivado la morera y el arroz además de los cítricos, orgullo y prestigio de la Comunidad valenciana.

Estaban, tan tranquilos como casi siempre, los algemesinenses -complicadillo el gentilicio de los nativos de Algemesí…-, preparando sus fiestas de verano, organizándolo todo, dispuestos a disfrutar, otro después de muchísimos años más, de los festejos, los amigos, las celebraciones y la riquísima gastronomía de la hermosa tierra valenciana. Todo bien, como siempre ha sido.

Pero este año, un grupo de personas ajenas al pueblo, un grupo insolente para con las legítimas costumbres del lugar y por tanto -gusten o no- respetables, unas personas exclusivistas, dictatoriales e impositivas, se colaron por allí, ocuparon sus calles, arrancaron carteles, invadieron las aceras, cortaron accesos, impidieron el normal desarrollo de la vida de los lugareños y les dijeron, además, a los tranquilos habitantes de Algemesí, como tenían que celebrar sus fiestas.

Es como si, estando usted tranquilamente en su casa, alguien le da dos patadas a la puerta, ocupa su pasillo, se planta en su salón, le quita el periódico que está usted leyendo y le dice, por cojones, que es lo que tiene usted que comer. Exactamente lo mismo.

Si, a quien sea, no le gusta lo taurino y, además de no gustarle, por el motivo que sea -no voy a entrar ahora en eso-, pretende que la celebración de la Fiesta nacional y de todos los festejos relacionados con el toro estuviesen prohibidos, lo que tiene que hacer, porque está en su derecho de hacerlo, es buscar votos suficientes para, desde el Congreso, cambiar las leyes que rigen en la actualidad. Cuando consiga eso, entonces podrán impedir que los vecinos de cualquier pueblo de España celebren un espectáculo taurino, bueno, tampoco sería así exactamente, lo que entonces podría hacer sería llamar a la policía para que fuese esta quien impidiese la celebración de un espectáculo, entonces sí, ilegal. Porque, señores, si no respetamos la Ley, si cada cual puede permitirse "embestir" contra lo que no le gusta, si cada uno puede emplear los métodos coactivos que considere para impedir que otro haga lo que a él no le place, la cosa está clara: es la jungla la que impone su ley, y si son esas las normas, entonces no sirven las palabras ni los razonamientos ni los escritos ni los argumentos para tratar de convencer a quien no piensa como tú, lo único que entonces serviría sería la fuerza y, por esta regla de tres, si tú me tiras una piedra yo me voy a defender tirándote 27, a ser posible cada una de ellas el triple de gorda de la que tú me hayas tirado antes a mí. Fusiles contra pancartas, no.

Los altercados que originaron los animales que, en nombre de algunos de sus parientes, invadieron Algemesí, son inaceptables. El querer prohibir por la fuerza, y contra lo legalmente establecido, lo que a una caterva de becerros descerebrados no les gusta, sea la caterva del hierro que sea, no es asumible.

La reacción de los vecinos de Algemesí fue en extremo civilizada. Sólo piensen en cómo reaccionaría cualquiera de ustedes si alguien que viene de fuera se mete en tu casa, sin su permiso, le empuja, le manda callar y le "obliga" a hacer las cosas como él dice… pues mira… ¡va a ser que no!

Todos estos personajes que salen calle adelante gritando "¡libertad!", a favor de cualquier causa que entienden como irrenunciable, mientras "olvidan", ignoran o desprecian la libertad del vecino, no sólo dan el cante de la farsa que protagonizan, es que, además, merecen la más contundente de las respuestas. Hay un amplio saco en el que meter a no pocos colectivos "progresistas" -dicen ellos-, esos que si rascas un poquito, sólo encuentras la más barata de las demagogias, ignorancia, prepotencia y un exclusivismo enfermizo.

Huno fiesta taurina e Algemesí, ¡claro que sí!, sin embargo los becerros no se lidiaron en la plaza, los vecinos los torearon en las calles, les dieron tres largas cambiadas, un par de banderillas -sólo en el culito y poco profundas…- y los devolvieron a la dehesa, con los cabestros, de donde no debieron salir.