El mexicano sale en hombros tras cortar tres orejas y cuajar sendas faenas de gran pureza y torería
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Burladero.com | PACO AGUADO | Quito (Ecuador)
El novillero mexicano Diego Silveti tuvo un debut de gran impacto en la plaza monumental de Quito, de la que salió a hombros tras cortar tres orejas y cuajar sendas faenas de gran pureza y torería.
Con un lote noble pero de muy escasa raza, con un primer novillo rajado y huido y un segundo que se vino abajo muy pronto, el novillero dinástico deslumbró con sus templadas y puras formas y también por un sosegado oficio que asienta sobre un valor muy auténtico y sin alardes. Variado y hondo con el capote y con la muleta, Silveti se ganó el corazón de una plaza festiva, sí, pero que supo paladear y valorar toda la calidad que el mexicano puso sobre el tapete.
A ese rajado e incierto primero le cuajó un arriesgado e impávido quite por saltilleras, antes de hacerle una faena de muleta de mucha paciencia, tranquilidad y facilidad, sabiendo aprovechar las escasas virtudes del animal en terrenos de tablas y rematando con una serie de derechazos de gran entrega y otra, deslumbrante, de bernadinas. De haber matado a la primera hubiera cortado esas dos orejas que luego sí le dieron del quinto, un jabonero cuya muerte brindó a Manuel Benítez “El Cordobés”.
El de Trinidad tuvo un comportamiento prometedor en los dos primeros tercios, pero se vino abajo en la segunda serie de muletazos. No obstante, Silveti se asentó con firmeza en la arena y, aguantando sus cada vez más cortas embestidas, logró sacarle partido con el mismo valor y personal naturalidad. A antes de recoger las orejas, también como gran trofeo, recibió en los medios un efusivo y significativo abrazo del legendario torero de Córdoba.
El maduro novillero local Hernán Tapia, afligido con un primero reparado de la vista pero noblón, se dejó ir irremisiblemente la bravura enclasada del cuarto, que fue tanta que puso en evidencia la falta de ambición y de ánimo del hijo del gran picador ecuatoriano del mismo nombre.
El rejoneador Andy Cartagena actuó esta vez en tercer lugar, y de nuevo se vio obligado a tirar de recursos ante un lote nada propicio para el toreo a caballo. El descastado primero, al que cortó una oreja, al menos se mantuvo en los medios, pero el sexto, un cuajado utrero colorado, no paró de huir y desentenderse de las cabalgaduras, haciendo emplearse, cono pocos resultados, tanto al jinete como a sus auxiliadores.