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Algemesí (Valencia), lunes 20 de septiembre de 2010. 3er festejo de abono. Novillada sin picadores. Semana Taurina. Tres cuartos de aforo. Seis novillos de la ganadería de Giménez Indarte desiguales de presentación, siendo los más cuajados el primero y el sexto. El 1º fue el más bravo; el 2º de más nobleza, temple y clase aunque menos fuerzas; el 3º fue noble y encastado; el 4º repetidor y con clase también fue enrazado; el 5º resultó un buen novillo y el 6º fue otro bravo. Román Collado, saludos y dos orejas. Mario Julián Soto, silencio tras aviso y silencio. Cristian Climent, oreja y silencio tras dos avisos.
Alfonso Sanfelíu (COPE Valencia) – 20-09-2010
Fue un gran encierro el que lidió Giménez Indarte en la novillada sin picadores de la Semana Taurina 2010. Seis novillos desiguales de presentación, es verdad, pero de los que hicieron disfrutar al aficionado, a la vez que también hicieron desesperar en ocasiones al público, al ver que los bisoños novilleros no supieron entender las bondades de las reses.
Los seis fueron de nota alta por encastados, repetidores, nobles, con clase y dando espectáculo con mayor o menor dificultad, destacando sobre todo, el primero del festejo y el último, por ser los más bravos de todo el encierro. Puede que alguien piense que los novillos a esta edad tan tierna, están obligados a embestir, pero hay que embestir y hacerlo con bravura, y esto es lo que han hecho los de Giménez Indarte. Encierro para recordar.
En líneas generales todos fueron prontos a la hora de atender al cite de su matador. Codiciosos en distintos grados. Repetidores hasta aburrir a los espadas y en la mayoría de los casos, exigentes para hacerles las cosas bien, esto es, tirando de ellos, con la muleta por delante, llevándolos por abajo y sometiéndolos con temple y decisión.
Ante ellos, el triunfador del festejo resultó ser finalmente el valenciano Román, quien de este modo vuelve a dar un paso más en su carrera ascendente como novillero. Su actuación estuvo desbordada por la bravura del primero de la tarde y fue suplida por una actuación valiente y enrabietada a la vez que templada en el cuarto del festejo. Con el castaño bravo primero, se las vio y deseó para convencer al animal y sus francas embestidas faltándole más reposo y sobre todo mando, manejando las telas. A lo largo de su faena dio dos versiones de su personalidad, pudiéndosele ver en fases puntuales templado y en otras más populista. El fallo a espadas le privó de un trofeo, pero aun así, quedó la sensación de haber visto como se escapaba un gran y bravo novillo sin ser aprovechado al ciento por cien. Con el cuarto, también codicioso, noble y repetidor, volvimos a ver un Román templado y gustándose en el toreo fundamental, frente al novillero encimista de los últimos pasajes del trasteo. Con una versión y otra, compuso una faena completa que, seguida y jaleada por el público, le sirvió para cortar un doble trofeo tras una gran estocada.
El novillero de Albacete, Julián Soto, tuvo en sus manos el novillo más templado, suave y enclasado del festejo, el segundo. Una lástima esa justeza de fuerzas del animal, que suplió con bravura cuando se le hicieron las cosas bien templadas y por abajo. Faena completa por ambos pitones, llena de calidad y con pasajes de buen toreo, que a pesar de lo descrito no terminaron de prender en el público. Después, el fallo reiterado a espadas le quitó cualquier posibilidad de trofeo. Y con el quinto volvió a intentar alcanzar el triunfo con otro buen novillo de Indarte. Como a todos los del encierro, a este novillo tampoco se le podía dudar y es ahí quizás donde residió el quid de la cuestión, pues le dudó, se tomó demasiado tiempo muerto y cavilaciones delante del novillo, cuando este demandaba mano firme, corazón caliente, alma de artista y disposición para el triunfo sin contemplaciones. Mereció mucho más el novillo y le ganó la partida a Soto, que al final se vio desbordado por las serias embestidas y arrancadas de la res. Silencio al acabar.