Algemesí (Valencia), miércoles 22 de septiembre de 2010. 5º festejo de abono. Casi lleno. Cinco novillos de Javier Molina (3º para rejones) serios y con cuajo. Mansos en líneas generales resultaron manejables en distintos grados en el último tercio. Se les castigó en exceso en varas. Alejandro Enríquez, oreja y ovación. Christian Escribano, silencio tras aviso y silencio. El rejoneador, Javier Cano, dos orejas y rabo.
Alfonso Sanfelíu (COPE Valencia) – 22-09-2010
Sin duda y hasta el momento, la Semana Taurina 2010 es la feria de los rejoneadores. Un hecho que dice mucho y bien, de los dos únicos triunfadores -por el momento- del ciclo: Noelia Mota y hoy, en la quinta de abono, Javier Cano. Pero que evidencia a las claras, la crisis por la que parece que atraviesa el escalafón de novilleros en la actualidad. Una situación que presumimos comienza a ser grave a tenor de lo visto en lo que llevamos de feria, ya que hasta el momento, de los novilleros que han pasado por este histórico ciclo, ninguno ha sido capaz de descerrajar la puerta grande.
Cinco festejos son los que hemos presenciado y la falta de liderazgo que existe entre los novilleros -peor aún-, la falta de ambición o ganas por triunfar tarde tras tarde, sea la plaza que sea, nos sitúa ante un futuro incierto. Una autentica pena. Lástima diría yo. O mejor, tristeza y decepción, al ver y comprobar, cómo están pasando por Algemesí estos adocenados novilleros, capaces de dejar marchar posibilidad de triunfos importantes, como los que se han podido dar en esta tierra. Actitud que además, les ha hecho quedar en entredicho, amén de trasladar la sensación a los que los hemos visto, de que a ellos: “venir a Algemesí es un mero trámite”. Un planteamiento sobre el que se vuelven a equivocar todos los que así, vienen a esta Semana Taurina.
Así las cosas y sufridas las actitudes de los coletudos, hoy se ha tenido que esperar hasta el tercer novillo para que el público pudiera asistir a una entretenida y bullidora lidia a caballo, protagonizada por el rejoneador Javier Cano. Con este astado de Molina, el joven rejoneador salió desde el primer momento a triunfar con rotundidad en esta plaza. Como debe ser, en uno que comienza y quiere ser gente en el mundo del toro. Y ante semejante derroche de entrega, el público de Algemesí a su vez, no dudó en entregarse también al jinete y disfrutar de la faena. Un trasteo irregular, en el que se alternaron los momentos templados y bien ejecutados, con las imprecisiones propias del que todavía está cuajando en su profesión. Imprecisiones o carencias que suplidas con honestidad, entrega y vaciándose en busca del triunfo, son mínimamente disculpables. En conjunto, logró lucirse en lo fundamental y en lo accesorio, y por ello y por el certero rejón de muerte, no se dudó en entregar el doble trofeo con el rabo incluido.
Alejandro Enríquez se las tuvo que ver con un lote desigual de comportamiento aunque, eso sí, excelentemente presentado. Con el que abrió plaza cuajó un aseado trasteo en el que predominó en gran parte de la faena el temple, con un novillo que nunca terminó de romper. Faena que se le premió con la oreja. Y en el cuarto, más parado, justo de raza y con complicaciones, se batió en duelo buscando un trasteo que nunca terminó de alcanzar las cotas artísticas mínimas deseadas para redondear la tarde y con ello alcanzar el trofeo que le hubiese abierto la puerta grande. Ovación.