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Algo más que antitaurinos, por Paco Delgado, en Burladero

Algo más que antitaurinos Publicado en Burladero | Paco Delgado | 02/10/2014

Es una lástima pero es así. Esto es lo que hay. Resulta que una ciudad de más 30.000 habitantes se paraliza durante diez días, sin festividad religiosa o civil alguna, alrededor de su Feria de las Novilladas, viviendo por y para los toros, generando cuantiosos ingresos y haciendo que su nombre salga todos los días en los medios de comunicación (por no hablar de su destacadísimo papel en el ámbito taurino), y va y ahora sólo se habla de Algemesí por que un ejemplar de antitaurino fue agredido por los festeros locales. Así se escribe la historia.

Sin embargo los hechos son otros y no se corresponden con lo que han contado (manipulado y tergiversado) algunas televisiones y periódicos sensacionalistas que saben que vende más una hostia que cien naturales de ensueño.

Como desde hace varios años, grupos de antitaurinos, perfectamente organizados y previa remuneración, avisaron de su intención de manifestarse contra la fiesta taurina precisamente en plena celebración de la misma. Y si ya es incongruente que se autorice esta manifestación en plan provocación, justo junto a la plaza de toros, en pleno meollo taurino, este año no se contentaron con eso y amenazaron con hacer volar la plaza.

Nadie se lo tomó en serio, pero ellos lo intentaron. Un par de centenares de individuos, la mayoría forasteros y muchos extranjeros, llegaron hasta esta ciudad valenciana en plena noche y, de repente, irrumpieron en los tendidos y sorprendieron a los espectadores de un espectáculo músico-lúdico-taurino (el Grand Prix, en el que la presencia de una vaquilla, a la que ni se banderillea ni se pica ni, mucho, menos, se da muerte, es meramente testimonial y aparece como una dificultad más de las pruebas que deben superar los concursantes) arrojándoles bolsas con excrementos humanos e intentando destrozar el tan peculiar como especial recinto en el que se celebran los espectáculos taurinos.

Uno de los espectadores -uno, no dos ni tres ni, mucho menos, un grupo numeroso- se encaró con los asaltantes y terminó golpeando a uno cuando éste siguió en su afán de arrancar elementos de la plaza, intentando cortar maromas que sujetan los tendidos y buscando que parte del tendido se desmoronase.

Cuando aparecieron las cámaras de televisión -¿quien avisó de que los antitaurinos iban a protagonizar este acto del que nadie más sabía nada?- los mal llamados animalistas comenzaron a tirarse por las gradas y a autolesionarse para dar la imagen de haber sido salvajemente agredidos. Pero sólo uno resultó herido como consecuencia de los golpes que le propinó aquel festero, en defensa propia, además. Dio igual. Al día siguiente, varias cadenas de televisión -que incluso añadieron imágenes de una plaza que no era la de Algemesí- y periódicos daban la noticia de que un puñado de pacíficos defensores de los animales habían sido masacrados en una plaza de toros por una horda de energúmenos y salvajes espectadores de un sangriento festejo en el que se torturaba a bebés de toro. Acojonante.

No sólo hay que dejar claro que no existió tal agresión, sino que no hubo ningún sangriento festejo en el que se torturase a bebés de toro y que los agresores fueron, precisamente, los antitaurinos. Que no sólo son antitaurinos. Son mercenarios, perfectamente organizados, que buscan la desestabilización y el crear un clima de opinión contrario a una de las más arraigadas costumbres y tradiciones de este país: las corridas de toros, una de nuestras principales señas de identidad, además.

Pero aquí, en España, somos así, qué se le va a hacer. Y mientras bailamos tan contentos un shihat o el dabke alrededor del fuego de campamento, no nos enteramos que las colinas de alrededor están infestadas de indios.